Piedras (III)

9

Entre piedras camino
esperando el descanso merecido,
la tarde del destino
va al ocaso perdido,
oscuridad del alma en lo vivido.

10

La roca inerte y dura,
sobre el valle más fértil de los ríos,
el águila madura
vuela sobres los fríos,
mi alma ordinaria sueña en los estíos.

11

Cuando el mar es murmullo
con los cantos rodados y las olas,
presiento lo que intuyo,
es la belleza a solas,
sinfonía nacida en caracolas.

12

Las cuevas escondidas
del pasado, pintadas en las rocas,
descubren las medidas
de las manos más locas,
historias de los búfalos que tocas.

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Piedras (II)

5

La mochila está llena
de piedras de la vida, las recojo
una a una, son pena
de este valle que escojo,
saco de los problemas, del enojo.

6

Cuando veo los muros
de piedras o de espinos, en fronteras,
pienso en los días duros
de esas gentes austeras,
condenados de un mundo en las cegueras.

7

Pero la piedra es arte
tallado por las gentes, esculturas
de belleza, estandarte
en bosques de espesuras,
imagenes de mármol, piedras puras.

8

También pueden ser hachas,
arqueológicas armas para caza,
hechas en las covachas
con el fuego y la maza,
historia de la historia de la raza.

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Piedras (I)

1

¡Oh piedra milenaria
viviendo a la intemperie de los fríos!
Ahora, en la ordinaria
hora de mis vacíos,
busco el puente recio sobre los ríos.

2

Los muros de la vida
son duros de tirar, como los bienes
de esa piedra adherida
por el tiempo, de quienes
sintieron en silencio los vaivenes .

3

Recuerdo la mojada
piedra bajo la lluvia más constante
del otoño, calada
la pared al instante
de esas gotas del cielo más distante.

4

Pétreas las paredes
que nos llevan despacio a nuestro ocaso,
son como aquellas redes
de araña a cada paso,
casas inhabitadas del fracaso.

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Aguas cristalinas (X)

37

Pura agua de cascada,
rotura de ese curso de los ríos,
transparente bajada
por abismos vacíos,
la vida es un solar lleno de estíos.

38

Un lago, con dragones
escondidos, reviven en los cuentos,
igual que los bufones
en castillos mugrientos,
también los piratas tuertos y cruentos.

39

Islas, mares y ríos,
nos lleváis por el mundo del ensueño,
mientra el oscuro frío
de la noche y el sueño,
distrae la verdad del ser risueño.

40

Cuando deje la vida
pensaré en ese mar, tan cristalino,
de mi infancia perdida,
más todo, en este reino,
es, en verdad, un sueño del destino.

 

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Aguas cristalinas (IX)

33

Cuánto tiempo ha pasado
sin ver el agua clara de ese mar
que paso por mi lado,
días de aquel soñar
inocente de sol, de playa y mar.

34

Ya en la tercera edad
miro desde el balcón esa llegada
de la ola, soledad,
a la playa soñada,
blanca espuma golpea, liberada.

35

Los días del recuerdo
ya están aquí, vejez tan quejumbrosa,
en este cuerpo lerdo,
solo el mar me reposa
con su agua cristalina y animosa.

36

El puerto natural
donde nací a la vida, Cartagena,
la de Teucro y Asdrúbal,
una ciudad tan plena
que el Mar Mediterráneo la llena.

 

 

 

 

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Aguas cristalinas (VIII)

29

Caballitos de mar
sobre el agua salada y cristalina,
hoy pintado en el bar
con una red muy fina,
ya no tienes ni vida ni marina.

30

Cangrejo con tus patas
retrocedes lo andado, lo vivido
por soñado, relatas
el final del nacido,
que es volver de nuevo a lo oscurecido.

31

Miro mis pies entre olas
de espumas soñadoras, cristalino
mar en el rompeolas,
lugar del remolino,
es el principio del fin que adivino.

32

A veces vi belleza
en los soles y mares de mi vida,
es la naturaleza
que siempre nos convida
a mirar con detalle lo que olvida.

 

 

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Aguas cristalinas (VII)

25

Agua quieta en los lagos
de la montaña, paz del verde valle
con dragones y magos,
buscando con detalle
la fórmula encantada que no falle.

26

Anguilas de los mares
zigzagean por ríos cristalinos
hallando sus lugares,
al fin en sus destinos
dejarán nueva vida en sus caminos.

27

Bebo de la botella
el líquido elemento, que nos riega
la garganta de aquella
fuerza inicial, que llega
del confín de los tiempos, a la vega.

28

La gota de rocío
sobre la hoja ya verde que alimenta,
primera hora del frío
mientras el sol aumenta,
amanece en el prado que regenta.

 

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